Vienen a reclamar el Relevo

Artista: Habla Jack / Álbum: “Mundo Gris” / 2018, Independiente

Por Utzu García

Hay un tipo de synth pop de factura muy chilena y distintiva, que hace fácil indicar el origen de los autores. Placas como el pionero “Corazones” de Los Prisioneros, el trabajo desarrollado por Alex Anwandter, Pedropiedra o Javiera Mena son una base fundamental para muchos creadores jóvenes que encuentran refugio en un estilo cargado a los beats y las bases programadas, pero de atmósferas extremadamente criollas. Así es como “El Hombre Olvidado”, primer corte de “Mundo Gris” del debutante Habla Jack (alterego de Cristián Gatica), podría asemejarlo incluso al legendario Payo Grondona.

El surco que bautiza el disco es un crudo y ezquizofrénico relato del duro día a día. La versión triste del que no alcanzó a vivir de la pitutocracia, aquella de la que hablaba Miguel Barriga a principios de los 90. “Creer” es una pieza exquisita, oscura, con Gatica narrando lo que ve con una lucidez que ya se la quisiera cualquier analista político. De hecho, el relato es un hilo conductor que le da todo el sentido de álbum conceptual a “Mundo Gris”. Se puede tratar de composiciones rockeras, bailables, melodías dulces y tristes de piano, toques de comedias, pero siempre con esa actitud de anfitrión y narrador que no solo poseen los músicos. Aquí hay cosas de Chris Rock, Neil Patrick Harris y muchos otros destacados actores, comediantes y figuras del espectáculo mundial.

Hay canciones como “Pintor”, “Ojos Dimensionales” o “Fúnebre”, capaces de mostrar que la música también se puede adaptar al creador, y no siempre es necesario que sea al revés.

Y para el cierre, “Sofía” evoca incluso a la “Canción de Judas” del incombustible “Jesucristo Superstar” es digna de cerrar cualquier espectáculo teatral cuyo contexto se desenvuelve en la sociedad actual, esa misma de siempre, donde solo cambian las máquinas.

“Mundo Gris” es la potencial base de un ópera rock, un musical de Broadway, una novela cyberpunk, y cuanta obra apasionante, de esas que al oyente-espectador-lector lo sumergen en un relato obsesivo y adictivo, del que no se quiere ni puede salir.

El álbum debut del joven músico y productor recoge la elegancia propia del electropop contemporaneo, y lo mezcla con la pluma ácida de un espectador privilegiado del desastre de sociedad al que llamamos sistema. Una especie de cronista de lo cotidiano, cuesta no asociarlo a figuras como Redolés o Florcita Motuda. Tiene los rasgos cómicos de Sexual Democracia. No cabe duda, tiene las condiciones para tomar la antorcha y ser el nuevo representante de la buena sátira, del sarcasmo que desata la catarsis necesaria de un pueblo oprimido silenciosamente.

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