El Otro Yo: sacar la voz sí trae justicia

Por Utzu García.

La Justicia Argentina se ha pronunciado sobre las gravísimas acusaciones que pesaban sobre Cristian Aldana, líder de la emblemática banda de rock El Otro Yo. El artista y abusador de menores ha sido condenado a 22 años de prisión y marca un precedente al otro lado de la cordillera, al tratarse del primer caso donde un artista reconocido a nivel nacional es condenado por abusos sexuales.

No me había referido antes al caso por que hay que dejar que la justicia haga su labor. Hasta antes de conocerse la sentencia – instancia a la que Aldana se rehusó a estar presente -, este era uno de los tantos casos de denuncias donde las acusaciones pasan años en investigación, las causas son sobreseídas, las partes llegan a acuerdos económicos, o es imposible dar con pruebas que den sustento a demandas.

Estos casos se produjeron principalmente a principios de la década de 2000, donde después de las presentaciones, Aldana organizaba orgías y diversos tipos de encuentros sexuales con fans de la banda que, según consta eran menores de edad, oscilando entre los 13 y 17 años. Los relatos empiezan a encrudecerse y hacerse cada vez más aberrantes en la medida que avanzaba el juicio. De los testimonios, se recoge que Aldana aprovechó su status de ídolo para aprovecharse y cumplir las más retorcidas fantasías sexuales a un grupo de niñas que, en un contexto de inestabilidad emocional y carencias afectivas y de contención de parte del seno familiar, tenían en Aldana un referente, permitiendo que el vínculo se produjera en una profunda y desigual verticalidad.

Las acusaciones surgieron primero a través de un grupo de Facebook llamado «Víctimas de Cristian Aldana», en medio de las acusaciones en contra del cantante José Miguel del Pópolo (que también será enjuiciado), y desde el comienzo la actitud del músico evidenció altanería y prepotencia. Negó tajantemente las acusaciones en su contra, se llegó a vestir de monja para un evento en contra de la violencia machista, se subió al escenario a cantar y tuvo que salir escoltado por la policía. Ya en prisión preventiva, el temperleño llevó a cabo una estrategia que consistió en victimizarse, en autodenominarse como un trofeo de guerra, e incluso vaticinando que los medios se darían un festín toldándolo de «músico K», por sus vínculos con el kirchnerismo (Aldana fue candidato a diputado antes de las acusaciones), y finalmente su ahora ex banda también se hizo parte del caso, denunciando un veto a los músicos de la banda, no pudiendo presentarse en vivo en ningún lugar y siendo censurados de las radios.

El caso sienta un precedente no sólo en la justicia argentina, en donde la fiscalía expuso magistralmente el rol del patriarcado como motor del silencio y la perpetuación de las prácticas violentas que genera el machismo. El caso sienta un precedente para quienes han sido víctimas de abuso y violación, más aún las que al momento de ser víctimas eran menores de edad. Es cierto que no hay condena que pueda borrar las heridas y cicatrices que quedan, pero la justicia puede llegar si se insiste, si no se bajan los brazos.

Por un lado, y esto lo digo desde una perspectiva personal, como ex fan de la banda, duele enterarse de eventos de esta horrorosa naturaleza. Segúi a la banda desde el 2000, al igual que muchos leales a la Rock & Pop de la época, y también les seguí el paso por un poco más de una década. Duele saber que gente que admiras y respetas es capaz de llegar a violar menores de edad. No podemos caer en la tontera de perdonar la misoginia cuando viene de ídolos, referentes o incluso personajes ficticios, como Christian Grey, de la saga de soporíferas y misóginas sombras. Si para uno, como mero espectador, duele ver como un referente de la música independiente y la autogestión pasa a ser un monstruo, imagínense cuánto le debe doler aún a las víctimas.

Este puede ser el día cero en el largo y crudo historial de abusos que nunca han sido castigados, en Argentina y el mundo. La prensa del país vecino ya especula sobre nuevos casos que podrían afectar a otras figuras. Más de alguna vez me he preguntado si en el rock a nivel mundial, habrán también casos similares, con artistas infinitamente más exitosos, millonarios y poderosos. Podrán decir que eran otros tiempos, que el contexto era diferente, pero violencia, abuso y violación serán violencia, abuso y violación en cualquier época.

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