Estaciones en el camino de King Crimson (segunda parte)

por  Víctor L. Aravena

Director Zampoña Revista de Música

Segunda parada. Un endurecimiento del sonido y una mayor estabilidad en la formación grupal.

Una vez finalizada la gira Earthbound en 1972, y habiendo quedado en la soledad absoluta, Robert Fripp se empeña en rearmar a King Crimson y darle otra encarnación. Recluta a dos músicos que en algún momento fueron candidatos a integrar la agrupación, como Jamie Muir (percusión) y John Wetton (bajo, voz y piano acústico). El tercer músico en integrarse fue el baterista Bill Bruford, lo que supuso una movida audaz dentro del panorama del Rock Británico en ese momento, ya que este músico provenía ni más ni menos que de la banda de Rock Progresivo Yes, con la cual había adquirido un gran prestigio como instrumentista, y seguramente para muchos ojos críticos, integrarse a King Crimson suponía un retroceso, tomando en cuenta toda la inestabilidad previa que presentaban como banda. Ante eso, Bruford era claro en señalar que le interesaban los fines artísticos y la búsqueda musical del proyecto de Fripp, al momento de decidirse a cambiar de grupo. Su inclusión en la batería y las percusiones fue más que acertada, ya que abrió un abanico de sonoridades que aportaron en las ambientaciones de esta nueva etapa, tomando un rol más protagónico, trascendiendo a ratos al mero rol rítmico. Por último, se integró al músico David Cross (viola, violín, mellotrón, piano eléctrico y flauta). Fripp por su parte se encargó de la guitarra, mellotrón y el piano eléctrico. Así de esta forma se aseguraba la reinvención sonora de la banda.

Ya con esta alineación establecida, se embarcan en la grabación de un nuevo disco que ve la luz en 1973, “Larks’ Tongues in Aspic”, el cual hasta el día de hoy es considerado junto a la primera producción de la banda, uno de los puntos más altos conseguidos en su carrera. Dejando definitivamente atrás la veta sinfónica que los caracterizó en su etapa previa, la exploración de Crimson empezó a transitar por caminos donde había un mayor desarrollo de disonancias, estética expresionista que en sus inicios se dejaba ver sólo en momentos acotados. Sumado a eso una decidida inclinación hacia el Hard Rock y también algunas referencias hacia el naciente Heavy Metal. La guitarra de Fripp suena más agresiva, siendo complementada a la perfección por la base rítmica potente de Bruford junto con Wetton. Podemos trazar sin duda una línea evolutiva en el uso del ruido y la disonancia, si Jimi Hendrix fue un visionario en la integración musical del ruido en la guitarra eléctrica, como continuador de esta escuela encontramos a Robert Fripp armonizando este ruido. El contraste lo aportarían Muir y Cross, evocando lo tribal y oriental desde sus interpretaciones. En este sentido cabe destacar el aporte de Jamie Muir, ya que desde su función logró influir claramente en el sonido de este disco, aportando sonoridades principalmente africanas, con instrumentos como la kalimba y el talking drum, sumado a otros accesorios como sonajeros, campanas, sierras y otros objetos que encontró a su paso.

Desde el comienzo de este disco queda clara la propuesta en el largo instrumental “Larks’ Tongues in Aspic (Part I)”, donde caben lo experimental, la improvisación y una fuerte base rockera.

En esta nueva etapa se une un nuevo colaborador en las letras, Richard Palmer-James, su primer aporte se aprecia en la bellísima “Book of Saturday”, una abstracción que cruza el desengaño y desamor, hasta hoy una de las canciones clásicas de la banda, una de esas perlas de belleza que equilibran la balanza de sonoridades en esta agrupación. Seguidamente en una clave similar encontramos “Exiles”, absolutamente reflexiva y emocionante.

El guiño hacia el Rock más tradicional viene de la mano de “Easy Money”, con una letra que une la ironía y el sarcasmo al referirse a la avaricia humana, con unos interesantes juegos de síncopas y constantes matices, pasando de momentos suaves a otros más intensos.

Si bien, en este disco el nuevo sonido de la banda ya no evoca de manera directa las referencias a la música docta más clásica que se apreciaban en sus inicios, sí existe un acercamiento a lo que en su momento desarrolló el músico húngaro Bela Bartok y su experiencia en la unión de lo docto con lo étnico, sobre todo en las atmósferas más oscuras que recorren este trabajo. De igual modo, si apreciamos los archivos con las performances en vivo de esa época, King Crimson tenía una distribución escénica bastante parecida a la de las agrupaciones de música de cámara, una “horizontalidad” en el escenario a la que bien podríamos denominar “Rock de cámara”, una forma de pensarse distinto al del común de las bandas de Rock en esa época.

Después de la hipnótica y étnica “The talking drum”, el cierre del disco lo entrega la monumental “Larks’ Tongues in Aspic (Part II)”, la que, según mi criterio, es la pieza musical más representativa de lo que es el espíritu de King Crimson, la unión de todo lo que los compone: lo expresionista y por momentos retorcidamente grotesco, matizado con momentos calmos y de belleza melódica, en constantes crescendos y diminuendos, alternando secciones métricas de 5/4 con otras de 4/4, reuniendo en sí mismo en esta pieza instrumental el espíritu inconfundible del Rock Progresivo. Una obra musical construida a partir de células minimalistas, donde lo áspero y crudo lo aporta la guitarra de Fripp con un riff simple y rítmico que se transformó en una marca registrada del tema, contrastado con una melodía simple en el violín que también hace las veces de riff progresando en secuencias armónicas que van modulando. En algún momento los roles se invierten, siendo Cross el que ejecuta las disonancias y las tensiones con el violín, mientras que la guitarra de fondo emula el riff melódico hecho por el instrumento anteriormente nombrado. Insisto en el punto de considerar a este tema el más representativo del grupo, la estructura musical te envuelve y dialoga consigo misma, esto es casi como hablar del ying y el yang en la música, es un universo por sí mismo, el cual se expande y se contrae constantemente, hasta que el viaje de este tema culmina con un fortíssimo en lo más alto, un big bang final, cerrando el círculo dentro de esta producción con un concepto similar al de la apertura del disco.

Algo que siempre ha caracterizado a King Crimson en su historia, es que cada vez que han iniciado una nueva etapa reinventando su sonido, esto ha ido acompañado de un gran disco, refundacional si se quiere ver así.

Larks’ Tongues in Aspic marcó un nuevo rumbo en la música del Rey Carmesí y dejó claro que este proyecto estaba lejos de terminar.

Al poco tiempo de ser publicado este disco, Jamie Muir abandona el grupo, para posteriormente dedicarse a la práctica del budismo.

La siguiente aventura discográfica llevó por nombre “Starless and Bible Black” y apareció en 1974. Ya desde el inicio del disco se nota un enfoque más agresivo, que va más al choque, con dos geniales canciones: “The great deceiver” y “Lament”, la primera una ácida crítica a los telepredicadores que falsamente prometen la salvación a cambio de dinero, acompañada por una música cargada de frenesí y un riff constante en su introducción y puentes. La segunda una interesante reflexión acerca de los sueños y frustraciones en la vida musical, con el dilema que supone ser fiel a la esencia y transar para ser exitoso, algo que en los tiempos actuales es “algo” menos dramático de afrontar para muchos artistas, con un inicio dulce, acorde a la mirada cándida de los ideales y que desemboca en una segunda sección, más rabiosa, con una base rockera muy firme junto con riffs muy marcados y disonantes en la guitarra. Estas dos canciones fueron las únicas en ser grabadas completamente en estudio, el resto del disco está compuesto por canciones que se interpretaron en vivo, durante conciertos efectuados durante 1973 en las ciudades de Glasgow, Zürich y Ámsterdam.  Ya la base rítmica se escucha muchísimo más aceitada y afiatada, manteniendo la misma formación del LP anterior (Fripp en guitarra y mellotrón; Wetton, bajo y voz; Bruford, batería y percusión, Cross en violín, viola, mellotrón y piano eléctrico; además de la colaboración de Palmer-James en las letras).

“The night watch”, por momentos hace recordar a “Exiles” de su disco anterior, sobre todo por el trabajo del violín, en una de sus pocas apariciones protagónicas del disco. También Cross aporta su talento colorístico en el bello instrumental “Trio”, con aires orientales y calmos, aportando el debido contraste y balance que poseen las obras de Crimson.

En esta producción la mayoría de las canciones tienen una duración relativamente corta para lo que venía haciendo la banda, sobre todo en su trabajo anterior, por momentos se nota una exploración cercana a la forma canción, con estrofas y estribillos bien establecidos e identificables, también se enfoca más en el uso de riffs de guitarra acompañados de la base rítmica, algo que va de la mano precisamente con lo que es la performance en el escenario. Aún así, este no es precisamente un disco en vivo, ya que el sonido ambiente del público fue limpiado en estudio. Solamente hacia el final del disco aparecen las dos obras de cierre y de larga duración, la que da título al disco, “Starless and Bible Black” y “Fracture”, con un gran énfasis en pasajes improvisatorios, donde aflora toda esa veta experimental, densa y expresionista de Fripp y compañía. Temas de alto vuelo instrumental, donde cada músico aporta su talento particular en la creación de atmósferas plenas de matices, cambios métricos y de velocidades, como para recordarnos que de esto se trata el Rock Progresivo… y por si fuera poco hacia la mitad de “Fracture”, Cross esboza en el violín una melodía-riff similar a la ya escuchada en el cierre del disco anterior, “Larks’ Tongues in Aspic (Part II)», a lo que también se suma el resto de la banda un par de minutos después, una magistral “casi” auto cita… nos vuelven a recordar que esto es King Crimson y que le deben el justo respeto a su propia identidad.

Ese mismo año 1974 la banda se embarca en la grabación de su siguiente disco, después de una gira de tres meses por Estados Unidos. A poco andar este proceso en el estudio, David Cross decide abandonar el proyecto. Ya desde hacía un tiempo sentía que su presencia en el grupo era menos importante, por la evolución en el sonido, que cada vez exploraba vetas ligadas al Rock más duro, y en donde su participación como músico sólo se estaba remitiendo al piano eléctrico.

Es así que King Crimson queda reducido al trío compuesto por Fripp, Wetton y Bruford, y continúan grabando uno de los puntos más altos de su discografía, “Red”, un disco que terminaría por concluir una gran idea de sonido que se había iniciado en “Larks’ Tongues in Aspic”, y que tal vez sin proponérselo, también significaría el cierre de otro de los procesos creativos e históricos en la banda.

Integraron como invitados a la grabación a algunos viejos conocidos, como Mel Collins (saxo soprano), Ian McDonald (saxo alto), Robin Miller (oboe) y Marc Charig (corneta). Richard Palmer-James sigue aportando las letras.

Esta producción ya desde su inicio con el instrumental homónimo, muestra una faceta de sonido que hace referencia directa a las expresiones ligadas al Heavy Metal, no en vano muchos exponentes de Metal Progresivo citan a este álbum como uno de sus referentes. El nivel de fiato en el trío es insuperable, Bruford es el músico ideal para una experiencia como esta, demuestra a punta de talento que es mucho más que un baterista y que también se pueden usar matices de contraste en una música que de por sí apela a los decibeles más altos. Y el diálogo entre Fripp y Wetton es simplemente magnífico, es música que explora lo melódico y disonante al mismo tiempo, a través de un sucesivo riff que progresa armónicamente.

“Fallen angel”, otro de los clásicos incombustibles de la banda, golpea con su carga emotiva. Con una estructura similar a la de “Lament”, de su disco anterior, son canciones donde se explora un dramatismo casi operático, con una primera mitad dulce que desemboca en una segunda donde hay angustia y depresión. La presencia de instrumentos de bronce y madera crea un interesante contraste, pues ya no estamos ante la banda que exploraba las sonoridades doctas, lo que hacía que esos instrumentos sonaran más “naturales” en contexto, ahora intervienen en lo que es más cercano a una Power Ballad.

El riff unísono entre guitarra y bajo para “One more red nightmare”, anuncia otra de las monstruosas perlas de sonido duro, con letra escrita por Wetton y una genial descripción paranoica acorde al título de la canción, con una melodía que contrasta a su introducción, explorando una veta pop que sólo sería más desarrollada en un futuro que no se preveía en ese entonces. La canción nos entrega una sección de puente donde aflora algo más cercano al Jazz-Rock, para luego volver a reiterar todo el viaje: intro-riff disonante, verso melódico-pop y un cierre instrumental Jazz-Rock.

“Providence” es un tema instrumental grabado en un concierto en vivo en la ciudad del mismo nombre, en Estados Unidos, antes de las sesiones de estudio de este disco, y donde intervino el violín de David Cross. Una tétrica y genial pieza que mezcla improvisación con una base rítmica que se va integrando.

El cierre magistral lo entrega “Starless”, un largo track que parte como una balada, con letra críptica y angustiante de Palmer-James. Con un bellísimo y sutil leit-motiv de Fripp en guitarra. El acompañamiento del saxo soprano entrega un aire de Jazz, que posteriormente desaparece en la sección del medio, donde poco a poco se va acentuando el crescendo y endureciendo el sonido, para dar lugar a otra sección de Jazz-Rock, esta vez frenética, donde ahora es el saxo alto el que toma protagonismo, para dar paso a una espléndida coda, retomando la idea melódica del inicio y culminar de manera grandiosa este disco.

Este LP fue publicado en Septiembre de ese año, pero nunca fue presentado en vivo, dos meses antes Fripp había anunciado la disolución de la banda, ya sus intereses artísticos deseaban tomar otros rumbos. En los años posteriores inició su carrera solista, la cual siguió otorgándole un gran prestigio como músico, y donde también colaboró con diversos e importantes artistas. En el intertanto, durante 1975 se publicó el segundo disco en vivo de la banda, “USA”, el que contenía grabaciones del año anterior.

Luego de la disolución vinieron 7 años de silencio en los cuales muchos pensaron (hasta el mismo Fripp) que King Crimson se había acabado para siempre, pero simplemente fue un paréntesis, el cierre de otra etapa en la historia musical del Rey Carmesí, que volvería con nuevos bríos y sonidos, y un concepto lleno de matemática disciplina, pero eso es asunto de la próxima entrega que haré. Mientras tanto sigan disfrutando de estas tres perlas discográficas que forman parte de la gran historia del Rock Progresivo.

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