Vuela alto, Cumbre del Rock

Por Utzu García

Mi trabajo como director de un sello me ha llevado a vivir experiencias fascinantes: acabo de participar en el Encuentro Imesur y Mercado CHEC, ambas instancias de la industria musical y creativa, respectivamente, que con esfuerzo y dedicación lograron el espacio donde la música independiente va generando nexos que le permiten crecer.

En medio de aquella vorágine, la promoción de mi libro, «El subdesarrollo de la música independiente», me llevaría a San Felipe hoy sábado, ofreciendo una masterclass de autogestión y marketing para la escena, la que se reagendó por motivos de fuerza mayor.

Precisamente, aquel evento me llevó a declinar de asistir a la Cumbre, que se debería estar realizando en la Medialuna de Rancagua pero, al día siguiente de la suspensión de mi charla, una de las bandas participantes me invitó a asistir el día domingo.

En tiempo récord, empecé a seguir indicaciones, aprenderme el mapa de Rancagua, me dirigí primero al terminal de buses y luego a la Estación Central a sacar la tarjeta conmemorativa (en la foto, y que ahora se convertirá en reliquia) del evento para irme en tren, suspendí reuniones y actividades programadas para el domingo y, de la nada, empezó algo que -sin querer-, «predije» a mis compañeros de la prensa musical.

Cuentan artistas que estaban en plena prueba de sonido cuando los técnicos pararon todo. La razón se debería al no pago de lo comprometido. durante la mañana, también por no pago, la empresa que facilitaría los 180 guardias que requería la Intendencia de O’Higgins para autorizar el evento, se retiraba y, para cerrar con broche de oro, el prevencionista de riesgos presentó su renuncia luego de entregar un informe donde revelaba serias fallas sanitarias.

Esta serie de infortunios o negligencias, llevaron a la autoridad regional a suspender definitivamente el evento. Esto ha generado una serie de reacciones, como Los Tres lamentando que su imagen sea utilizada para vender un evento mal hecho, o el comunicado de la organización, culpando a los eventos gratuitos.

El destino quiso que un 4 de octubre, día de la música chilena, uno de sus eventos icónicos baje el telón para siempre.

Es fácil hacer leña del árbol caído, pero no es el momento. Y no es el momento porque, lamentablemente, la música chilena se ve afectaba, más allá de la participación o no de determinado artista en el evento. La señal es negativa, da una señal equívoca de incapacidad de generar instancias masivas para la música nacional.

Hoy, es el momento de los diversos actores que integran la cadena de valor de la industria local, de generar los impulsos para que nuestros artistas se posicionen, para recuperar la confianza en este tipo de eventos, ya sean gratuitos o de pago, y que pongan en valor el producto que entre todo entregamos. Artistas, periodistas, publicistas, managers, productores, sellos, medios, fotógrafos, todos tenemos que atender este llamado a seguir trabajando con la misma dedicación de siempre, pero esta vez con algo más: tener la convicción de que nuestros artistas sí pueden ser protagonistas.

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