¿Qué es la violencia?

Por Utzu García. Publicista, Gestor Cultural, Director de Indajausmusic

Bastante escueta la definición del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua para el término “violencia”: 1. Cualidad de violento; 2. Acción y efecto de violentar o violentarse; 3. Acción violenta o contra el natural modo de proceder (quizás la que más opciones para analizar nos brinda) y; 4. Acción de violentar a una persona.

El término, en esencia, es un cultismo, una palabra cuya morfología no se despega de su origen etimológico, obviando la evolución de la lengua castellana desde el latin vulgar.

El sustantivo latino violencia, proviene del adjetivo violens, que significa “impetuoso” o “furioso”. El origen definitivo de la palabra es el sustantivo vis, que quiere decir “fuerza”, “poder”, “potencia”.

En síntesis, podemos decir, en buen chileno, que la violencia es el uso del poder y las posibilidades de una persona o grupo a beneficio propio, en desmedro de otra persona o grupo, que se ve dañina, desfavorecida o damnificada.

En el contexto social actual por el que atraviesa Chile, el ejemplo más latente de violencia que el gobierno, los medios y el empresariado nos muestra es el de las estaciones de metro y supermercados ardiendo en llamas, los saqueos a locales comerciales y hasta casas y, por supuesto, los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de orden público, que han tenido como escenario las más importantes ciudades del país. Y las no tan importantes también.

El espectáculo que hemos presenciado por televisión y en carne propia en más de una marcha, y que ha dado la vuelta al mundo, ha sido condenado con fuerza por el gobierno de Sebastián Piñera que, además, ha emplazado a todos los líderes de opinión a manifestar el mismo rechazo, casi como un requisito mínimo para poder ser voz legítima en el debate social que hoy busca, desesperadamente, la salida a un conflicto social de explícito descontento que no parece apaciguar.

¿Es buena la violencia? Por supuesto que no. ¿Es mala? Tampoco. ¿Entonces? La violencia la entiendo como el resultado de una serie de actos que, pudiendo ser o no agresivos, desencadenan la respuesta de quién se ve atacado, en una forma no siempre idéntica. De ahí el dicho “violencia solo trae más violencia”.

Condenemos la violencia. Enérgicamente. Porque no es lo que queremos vivir a diario. En el momento que alguien es víctima de esa violencia es cuando ésta pierde toda legitimidad. Por eso, condeno enérgicamente la violencia que, desde que Chile se llama Chile, ha ejercido la élite empresarial y política, que vive a costillas de la gente más humilde y de clase media, escribiendo constituciones y leyes entre cuatro paredes sin escucharnos, haciéndonos creer que son los dueños del país, cuando en verdad los dueños somos todos, y además somos sus jefes. Condeno la violencia del sistema de pensiones que tiene a nuestros adultos mayores trabajando hasta el día de su muerte y con jubilaciones de miseria. Condeno la violencia de quienes permiten que tengamos que hacer bingos y completadas para poder comprar remedios al familiar o amigo enfermo. Condeno la violencia del sistema educativo, que nos clasifica entre ciudadanos de primera, segunda, tercera y hasta cuarta categoría.

Vuelvo a condenar al sistema educativo, que fabrica profesionales en serie que al salir a la vida laboral no encuentran trabajo o ganan muy poco en comparación a lo invertido. Condeno la violencia de las farmacéuticas, de los supermercados y las inmobiliarias que, si así lo desean, nos pueden dejar enfermos, en la calle o pasando hambre. Condeno la violencia de los empresarios, que evaden impuestos y sobreviven a nuestras costillas, sin mencionar que además nos mienten, ya que ellos no nos dan de comer, sino que al revés. Y los condeno nuevamente, por tener de esclavos a nuestros trabajadores, que no pueden ver la luz del sol y viven para trabajar y enriquecer a quien ya es inmoralmente rico.

Condenemos la violencia, todos los días y a toda hora, y emplacemos a nuestras autoridades a dejar de violentarnos, a que ejerzan sus roles teniendo como directriz irrefutable la voluntad de quienes a diario sostenemos un sistema que no nos favorece. Porque también es violento.

(FOTO: Alterageos)

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