Post-represión: Review

Artista: La Memoria / Álbum: Desaparecida / Uruguay / 2019

Por Utzu García

La piel de Latinoamérica todavía acusa el golpe. Llagas, heridas sin cerrar, sangre que aun corre y escapa de las venas de una región que fue depredada hasta las entrañas más sensibles de su humanidad. La historia del continente es, a su vez, la historia común de hermanos que a diario profundizan en sus diferencias, cuando es más lo que nos une.

Los uruguayos La Memoria plantean en «Desaparecida», su más reciente placa, las consecuencias triviales y domésticas de vivir en una región que por décadas resolvió sus problemas internos a punta de tanquetazos y fusiles, toques de queda y secuestros, ejecuciones y desapariciones.

Es cierto que esto es arte, y podemos estar hablando de la búsqueda del amor perdido, de la inocencia añorada o de la represión y tortura. Sin embargo, el aporte de Desaparecida está en que los charrúas entregan otra banda sonora a las postales propias de la época. Santiago se parece a Londres por lo gris, y probablemente más de alguna capital sudamericana también,

Las caras inexpresivas, los autobuses antiguos, el cemento que crece sin piedad, le dan una nueva sonoridad a una historia que vivimos y escuchamos con Víctor Jara, Silvio Rodríguez, mercedes Sosa o Zitarrosa de fondo. La Memoria deja atrás la Novela del Dictador, y se mete de lleno en el cyberpunk, en las novelas distópicas de Orwell y Bradbury o en las fábulas donde los mád desposeídos le doblan la mano al poderoso.

La fórmula puede no sonar novedosa si nos centramos sólo en escuchar el disco. El manual escrito por Joy Division y The Cure está bien estudiado y funciona. Pero es el cambio de enfoque lo que le da su mayor riqueza. El disco recuerda una conversación entre Claudio Narea y Jorge González, de Los Prisioneros en la película «Miguel San Miguel». En la cinta, Narea reacciona con incertidumbre al ver una foto a doble página de The Clash, creyende que nunca podrían ser como estos niños bien del primer mundo, a lo que González le dice que están igual de jodidos que nosotros, con la única diferencia que miden 2 metros y tienen los ojos azules. El post-punk es eso, es decirle al mundo que la miseria, la melancolía y la frustración son un lenguaje universal, del que nadie está libre e, incluso, todos somos presa en algún momento.

En un trencito parejo y que en ningún instante pierde el rumbo, se destacan tracks como «Desaparecida», «¿Dónde estamos?», el instrumental «Las letras» (con un notable sampler de la proclama de Candeau, similar al último discurso de Allende) y que cierra limpiamente con «A la verdad», una proclama contemporánea para la libertad.

Ésta podría ser la banda sonora que transforme en un género aún más rico y universal la narrativa latinoamericana pero, por sobretodo, un recuerdo de lo que nunca más nos debe pasar.

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