El Último Viaje y María Bonobo desplegaron todo su talento en vivo

Por Víctor L. Aravena

Director Zampoña Revista de Música

Dos propuestas musicales distintas se dieron cita el Miércoles 14 de Agosto, en una llena Sala SCD de Plaza Egaña, pero con un factor en común, que es la solidez artística y propósitos muy claros de cara al ejercicio profesional de sus proyectos.

Abrió los fuegos la banda invitada, María Bonobo, con un inicio muy Electro Pop (y a ratos más Rock), dando paso a otras canciones que dentro de esa base tienen un toque de Acid Jazz y Soul. Los músicos suenan afiatados y el sonido tiene matices muy interesantes, sostenidos principalmente en la voz y el carisma de Patricia Rojas. Por momentos me recordó lo que están haciendo las valdivianas de la banda Malicia (sería interesante un concierto con ambas agrupaciones). Un detalle en el que me puedo detener y que sería bueno que la banda lo considere, es el nivel de los sub bajos, es claro que dentro del estilo que desarrollan es un elemento vital, pero hay que saber regular el nivel de ellos en una sala pequeña como la SCD. En un recinto como el Movistar Arena funcionarían espléndido, pero acá los sub bajos a ratos se comían al resto de los instrumentos en la mezcla de sala. La performance general de María Bonobo es impecable tanto en lo musical como en lo estético, estamos enfrente de un show que busca cuidar los detalles, transitando por momentos de sensualidad y a veces hasta provocativos, con un discurso que reivindica el feminismo y la diversidad sexual, jugando también con elementos performáticos en algunos pasajes. Contaron con Ignacio Redard como invitado en la voz, para la canción “Feliz”. También interpretaron entre otras canciones “Nuestra histeria”, “Fe” (una isla íntima dentro del show, solo con voz y piano) y “Femicidio en la Alameda”, un espléndido cierre de show, pleno de energía y provocación explícita no apta para oídos sensibles, pero que funciona como sicología inversa para poner sobre el tapete el tema que nos atañe a todos como sociedad, acerca de la violencia de género hacia las mujeres.

(En este momento de pausa entre el show que termina y el que está por comenzar, no puedo dejar de pensar que la SCD debería invertir en implementar en sus salas una cortina que sirva para acompañar armónicamente los cierres de los conciertos. Es en estas circunstancias donde se aprecia de forma más descarnada la acción de los músicos independientes, en que terminado el show, cada miembro de la banda es su propio roadie, teniendo que ellos mismos desconectar y desarmar sus propios instrumentos. La presencia de una cortina que oculte el escenario ayudaría mucho a preservar esa “magia” que durante todo el show se produce entre los músicos y sus seguidores, evitando así que al finalizar la presentación se pierda toda esa química, al observar cómo los artistas están estresados desarmando el escenario porque en 10 minutos más tiene que tocar otra banda ahí mismo. Son pequeños detalles que de una u otra forma ayudarían a lo que es el desarrollo integral de una escena musical dentro de la industria).

El cierre estuvo a cargo de los anfitriones y convocantes del evento, la banda El Último Viaje, que desde los primeros acordes muestran sus credenciales e identidad sonora que los identifica. Estamos ante una banda de Pop-Rock con guitarras, romántico en sus letras, su fuerte son el amor de pareja con sus respectivos matices que van desde la felicidad del enamoramiento, pasando por canciones más “corta venas” y melancólicas acerca de separaciones, añoranzas y desamor. Interpretaron creaciones que sus fans esperaron con ansias y que han formado parte constante de su repertorio, como “Fácil viene, fácil se va”, “Policías y ladrones”, “Prisma” y “Todo vuelve a empezar” entre otras. También hay momentos un poco más rockeros para desplegar algunas guitarras más afiladas, todo dentro del marco del leit motiv principal de su música. La única cojera que podría señalar, es que a veces la voz de su cantante Julián Ramírez, se escucha un tanto huérfana, en canciones que tienen mucho potencial y que piden a gritos un acompañamiento vocal del resto de los integrantes. Las veces que se animan a jugar con coros y matices de voz, los temas ganan bastante. Se les ve muy disciplinados y preparados en escena, con arreglos musicales simples y efectivos que optimizan los recursos instrumentales. Sus nuevas composiciones (algunas aún sin editar) presentan otros matices sonoros, apoyados en algunas secuencias pre- grabadas, lo que le da otras sonoridades y posibilidades a su música. Estilísticamente encontramos trazos que han dejado otras bandas en el tiempo, como Solar, o incluso por momentos lo que hizo Maná, y en parámetros actuales lo que ofrece una banda como We are The Grand. En este sentido, El Último Viaje son dignos continuadores de esa tradición, y claramente con una proyección que va en ascenso, y ellos parecen tenerlo claro, al anunciar que este fue su último concierto del año, ya que estarán abocados lo que resta del 2019 a la grabación en estudio de su nuevo material, que sin duda se viene muy bueno, y que esperamos con ansias poder escucharlo pronto.

Al final de la jornada me quedo con una sensación de satisfacción de haber presenciado a dos propuestas musicales diferentes, pero que están encaminadas en objetivos similares de proyección y crecimiento, algo que sin duda conseguirán, dado el trabajo pleno de talento y disciplina que están desarrollando.

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